Nos llaman Music Innovators por algo: hemos demostrado que podemos cambiar las reglas del juego al analizar cualquier proceso existente y pensar en una forma mejor de hacerlo. No se trata tanto de la tecnología que usamos, sino de la perspectiva con la que la miramos.
Hacemos lo que dijimos que haríamos, incluso cuando nadie está mirando. La confianza es el pegamento invisible que nos permite movernos rápido y desafiar lo que debe ser cuestionado, sabiendo que el corazón —y los datos— de nuestra gente están en el lugar correcto.
Sabemos cambiar de opinión a medida que surgen nuevos puntos de vista. Estamos listos para aceptar, apreciar y respetar todas las opiniones, religiones, nacionalidades, razas, géneros y niveles de destreza musical que hay en BMAT.
Somos tan obstinados como cabe imaginar. Decir que nos apasiona lo que hacemos sería quedarse corto. Seguimos adelante hasta conseguir el resultado que nos proponemos, día a día, pieza a pieza.
Creemos que el espíritu emprendedor consiste en perseguir una visión sin importar los recursos. Nos hemos autofinanciado desde el primer día y nos hemos mantenido ágiles; sin grandes rondas de financiación y con mucha personalidad. Y, aun así, hemos construido algo significativo.
Todos cantamos con la misma partitura. Lo compartimos todo, decimos las cosas claras y no hablamos a espaldas de la gente. No reservamos información por interés propio. Como dirían los skaters: sé honesto o muere.
Cada 3 meses celebramos nuestra Q Party, un evento en el que fijamos y compartimos los objetivos del equipo, así como novedades y tendencias del mercado. Después del trabajo duro, nos gusta asombrarnos mutuamente con nuestras dotes de karaoke.

Nuestra excusa bienal para traer a Barcelona las mentes más brillantes de la industria musical y analizar a fondo lo que está por venir. Un encuentro con los mejores expertos del mundo, diseñado para mantenernos alerta, inspirados y, por qué no, también para divertirnos. Todos nuestros invitados saben la regla: Lo que pasa en Summus, se queda en Summus.

Tras un día inmersos en datos y código binario, nuestros cerebros necesitan reiniciarse. Por eso, de vez en cuando nos retiramos a nuestra sala de ensayo y tocamos juntos. Por suerte para nuestros vecinos, y para nuestra salud mental, está insonorizada.

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